4 de junio de 2010

Es curioso como a estas alturas de la vida sigo descubriendo cosas de mi mismo.

Desde hace unos días un suceso de gran importancia y alcance nacional me ha estado robando la atención (y la carga en la batería de mi celular). En tiempo de elecciones, y más siendo estas elecciones presidenciales, la mayoría quieren exponer sus puntos de vista y sus razones para preferir uno u otro candidato. En mi caso es por la legalidad y los principios, pero no quiero entrar en detalles acá ya que no quisiera perder el tono desenfadado y "poco trascendental" de este blog (lo cual me lleva a reconocer que un post anterior contenía material no apto - anti-propaganda política, PERO YA NO (chiste para la ocasión)).

(Acabo de dar un paso y bajar un anden sin darme cuenta -no estaba viendo el camino- y se siente horrible... pero sigamos)

El caso es que reflexionando un poco sobre estos últimos días descubrí una característica mía de la que no era consciente, pero que se hizo muy evidente (y no les voy a contar para mantener el suspenso). Y me parece curioso que después de casi 30 años (ojo, CASI) uno todavía queda descubrir y aprender cosas de sí mismo. Definitivamente cada persona es un mundo, y ni siquiera el mundo mismo sabe todo lo que tiene.

De pronto si me lee algún psicólogo (sehhh, claro) me dará la razón, o por lo menos se burlara de mi por hacer descubierto el agua tibia. Supongo que lo que distingue a unas personas de otras es la capacidad de aprender a conocerse, de auto-evaluarse y de tomar acciones correctivas.

Pues... por lo menos ya sé. Ese es el primer paso.

Saludos!

0 opiniones: